En laboratorios de Pekín, una nueva generación de robots humanoides está siendo sometida a exigentes procesos de prueba antes de integrarse a la vida cotidiana y a entornos de trabajo. El objetivo no es solo demostrar avances tecnológicos, sino garantizar que estas máquinas puedan convivir con personas, ejecutar tareas reales y responder de forma segura en distintos escenarios.