En 2026, la conversación en alimentos y bebidas no se resolverá con una sola cifra de crecimiento. El entorno se parece más a un tablero de fuerzas cruzadas: consumo que se recupera por tramos, costos que pueden aliviarse en el mercado internacional pero rebotar en moneda local, y una regulación nutricional que ya no opera como “cumplimiento”, sino como un factor que altera la mezcla de ventas, el tamaño de las porciones y la forma de comunicar valor.